La crisis de nuestros polinizadores
Descubre la increíble polinización

¿Por qué los polinizadores valen 577 mil millones de dólares?
No estamos hablando aquí de una cifra de conservación cualquiera. Es la contribución anual directa que nuestros amigos polinizadores hacen a la comida que llega a tu mesa, un cálculo preciso de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica (IPBES). Imagínate esto: sin los insectos polinizadores, el 75% de los tipos de cultivos que nos alimentan producirían muchísimo menos.
Pero, querido lector, detrás de esta impresionante cifra económica se esconde una verdad biológica fascinante: la polinización no es un servicio único y simple. Es, en realidad, una danza compleja de interacciones mecánicas especializadas, un ballet milenario entre insectos y flores, cada uno diseñado para el otro, que ha evolucionado a lo largo de millones de años.
¿Por qué nuestras abejas nativas son más importantes que las abejas de la miel?
Siempre hablamos de las abejas melíferas (Apis mellifera), ellas se llevan todos los aplausos, ¿verdad? Pero la verdad es que son un poco como todólogas. Nuestras abejas solitarias nativas —como las abejas albañiles, las cortadoras de hojas o las abejas mineras— son, a menudo, ¡cien veces más eficientes polinizando cultivos específicos! ¿Y sabes por qué? Gracias a algo que llamamos polinización por zumbido. Los abejorros y algunas de estas abejas solitarias hacen vibrar sus músculos de vuelo a una frecuencia muy particular, y con ese zumbido, sacuden el polen de plantas tan importantes como los jitomates, los chiles y los arándanos. Las abejas de la miel, simplemente, no pueden hacer esto.
Un estudio de Garibaldi et al. (2013) en Science nos mostró algo revelador: las visitas de insectos silvestres a los cultivos mejoraron la cuaja de frutos en cada granja que analizaron, sin importar cuántas abejas melíferas hubiera. Esto nos dice algo profundo, ¿no crees? Los polinizadores silvestres no son un simple "extra" para las colmenas manejadas. ¡Son la base, el corazón de nuestra alimentación!
¿Qué les están haciendo los neonicotinoides a los cerebros de nuestras abejas?
Los pesticidas neonicotinoides (imidacloprid, clothianidin, thiamethoxam) son sistémicos. Esto significa que la planta los absorbe y persisten en el polen y el néctar que nuestras abejas recolectan. Kessler et al. (2015) en Nature hicieron un descubrimiento inquietante, uno que nos toca el corazón: las abejas no pueden saborear los neonicotinoides y, de hecho, prefieren el alimento contaminado. ¡Imagina esto! Se sienten atraídas neurológicamente por las sustancias químicas que les hacen daño.
La exposición subletal no siempre mata a las abejas de inmediato. En cambio, daña los cuerpos pedunculados del cerebro de la abeja, esas estructuras tan importantes que son responsables de su aprendizaje y navegación. Las abejas expuestas se pierden, buscan alimento con menos eficiencia y, tristemente, no logran regresar a la colmena. El colapso de las colonias no suele ser una muerte súbita, sino una lenta y dolorosa degradación neurológica que nos afecta a todos.
¿Qué es la crisis de diversidad de polinizadores y por qué nos duele a todos?
No se trata solo de que haya menos abejas, querido lector. Se trata de que hay menos especies de abejas. Un estudio de 2021 publicado en One Earth reveló un dato que nos pone a pensar: ¡un 25% menos de especies de abejas reportadas desde los años 90! Y esto, créeme, es importantísimo. Cada cultivo tiene sus propias necesidades, sus propios 'amigos' polinizadores que lo visitan en momentos específicos. La polinización de las almendras en febrero, por ejemplo, requiere de especies muy distintas a las que visitan los manzanos en mayo.
Cuando perdemos esta increíble diversidad de polinizadores, perdemos algo fundamental: nuestra capacidad de adaptarnos, nuestra resiliencia. Imagina esto: una sola especie de abeja melífera, por muy bien 'cuidada' que esté, es tan vulnerable como un campo inmenso de un solo tipo de maíz. Si algo falla, todo se viene abajo.
Síndromes de Polinización: La conexión secreta que nos rodea
Las flores y sus polinizadores, ¿sabes?, han coevolucionado a lo largo del tiempo, creando sistemas de conexión tan especiales que los llamamos síndromes de polinización. Es una danza de la naturaleza que nos asombra. Piensa en las flores tubulares rojas, ¿para quién crees que evolucionaron? ¡Para nuestros queridos colibríes! Y esas flores blancas, fragantes, que se abren solo por la noche... ¡son el regalo perfecto para las polillas! Mientras que las flores planas y abiertas son el hogar ideal para escarabajos y moscas. Cada una tiene su pareja perfecta.
Pero, ¿qué pasa cuando nosotros, con la mejor intención, plantamos esos híbridos ornamentales que compramos solo por su belleza? A menudo, sin saberlo, deshacemos estas alianzas tan especiales. Muchas de esas flores que encontramos en los viveros, por muy bonitas que sean, producen muy poco néctar o polen que nuestros amigos polinizadores puedan aprovechar. Por eso, querido amigo, plantar flores silvestres nativas, esas que son de tu propia región y que ya están en sintonía con los síndromes de polinización locales, ¡es mucho más efectivo que cualquier hotel para abejas que puedas comprar! Es una forma sencilla y poderosa de apoyar la vida que nos rodea.
¿Cómo los pesticidas desactivan la propia defensa de tus plantas?
Querido lector, ¿sabías que nuestras plantas, de forma natural, reclutan insectos depredadores a través de compuestos orgánicos volátiles (COVs) cuando son atacadas por herbívoros? Es su manera inteligente de pedir ayuda. Pero, ¡ojo!, los pesticidas de amplio espectro matan a estos depredadores beneficiosos junto con las plagas, desactivando el sistema de defensa tritrófico que la planta ha desarrollado a lo largo de su evolución.
El resultado, amiga y amigo, es una espiral de dependencia. Necesitamos más y más pesticidas porque los agentes de biocontrol naturales, esos aliados invisibles, ya no están. Pero no todo está perdido: el Manejo Integrado de Plagas (MIP) y las prácticas regenerativas son la clave para restaurar estas valiosas redes de defensa biológica.
¿Qué puedes hacer tú, de verdad?
Mira, la acción que de verdad hace la diferencia no es construir hoteles para abejas, no. Es sembrar flores silvestres nativas que florezcan desde principios de primavera hasta finales de otoño, y eliminar de tu jardín esas plantas tratadas con neonicotinoides. ¿Sabías que el 70% de nuestras abejas nativas anidan en el suelo, no en estructuras? Por eso, deja algunos parches de tierra desnuda y un poco de madera muerta. Y para que no te sientas solo en esta misión, la Sociedad Xerces tiene guías de siembra específicas para cada región, diseñadas para que coincidan perfectamente con las comunidades de polinizadores que viven cerquita de ti.
¿Cómo los Neonicotinoides Desorientan el GPS de Nuestras Abejas?
Imagina por un momento el cerebro de una abeja, ese pequeño pero increíble centro de operaciones. Pues bien, los neonicotinoides, esas sustancias de las que tanto hablamos, se pegan a unos puntos clave ahí dentro: los receptores nicotínicos de acetilcolina (nAChRs) en los cuerpos pedunculados de los insectos. Estas estructuras cerebrales son las encargadas de que aprendan, recuerden y, sí, ¡se orienten en el espacio! Un estudio fascinante de Matsuda et al. (2001) en Nature nos mostró exactamente dónde ocurre esta unión molecular, y lo más sorprendente es que sucede con concentraciones tan bajas como 0.1 nanomolar.
Lo más triste es que una exposición a estas sustancias, incluso en dosis que no las matan al instante, es devastadora. No las mata de golpe, querido lector, pero sí bloquea su sistema de flujo óptico, ese GPS interno que usan para medir distancias y calcular cómo volver a casa. Una abeja expuesta puede volar, sí, pero no puede encontrar el camino de regreso a su colmena. El colapso de las colonias no es una muerte súbita y dramática. Es una degradación neurológica lenta y silenciosa: abejas que salen de su hogar y simplemente nunca regresan.
Y aquí viene una revelación aún más inquietante, algo que nos hace reflexionar mucho. Kessler et al. (2015) en Nature descubrieron que las abejas, ¡sí, nuestras abejas!, prefieren activamente el alimento contaminado con neonicotinoides. No pueden saborear la toxina, no la detectan. Pero sus cerebros las atraen neurológicamente hacia esas sustancias que las están dañando, de una forma muy parecida a cómo la nicotina crea adicción en los humanos.
Los síndromes de polinización: ¿Qué son y por qué son tan importantes para ti y para el planeta?
Fenster et al. (2004) identificaron 12 síndromes de polinización distintos, que son como verdaderas alianzas coevolutivas entre las flores y sus polinizadores. Por ejemplo, las flores polinizadas por abejas tienen guías de néctar ultravioleta y plataformas de aterrizaje. Las que atraen a las polillas suelen ser blancas, tubulares y florecen de noche. Mientras que las flores que buscan a los murciélagos tienen colores poco llamativos y un aroma intenso. Y las que encantan a los colibríes (aves), son rojas y, curiosamente, no tienen olor.
Pero, querido lector, cuando plantamos híbridos ornamentales, esas flores tan bonitas que compramos porque nos encantan a la vista, a menudo rompemos estas alianzas tan especiales y antiguas. Muchas de las flores que encuentras en los viveros, por ejemplo, producen muy poco néctar o polen que sea realmente útil para nuestros amigos polinizadores. Por eso, la acción más hermosa y efectiva que podemos tomar juntos para cuidar nuestro planeta es plantar flores silvestres nativas que realmente coincidan con los síndromes de polinización específicos de tu región.
El clima cambia, ¿y nuestras flores y abejas? Hablemos del desajuste fenológico
Querido lector, ¿te has fijado cómo la naturaleza a veces parece ir a su propio ritmo? Pues resulta que ese ritmo está cambiando, y no siempre de la mano. Un estudio de Hegland et al. (2009) nos mostró una diferencia preocupante en los tiempos: las flores, esas que tanto nos alegran, ahora florecen de 2 a 10 días antes por década debido al calentamiento. ¡Imagínate!
Pero aquí viene el detalle que nos toca el corazón: la aparición de nuestros queridos polinizadores, como las abejas, solo se adelanta de 0 a 5 días por década. ¿Lo ves? Se está creando un desajuste temporal cada vez más grande. Una brecha que, si no la atendemos, puede reducir la producción de semillas y, sí, amenazar directamente la comida que llega a nuestra mesa.
Para el 2050, este desajuste podría superar los 5 días para muchísimas parejas de cultivos y polinizadores. Piensa en las almendras, por ejemplo. En California, necesitan 1.9 millones de colonias de abejas melíferas solo para su floración de febrero. Si el momento en que florecen se sale de la ventana de disponibilidad de los polinizadores, la cosecha simplemente se viene abajo. Y eso, querido lector, nos afecta a todos.
La salud de nuestras abejas: ¿Cómo se contagian entre las que cuidamos y las silvestres?
Furst et al. (2014) en Nature nos mostraron algo importante: que las colonias de abejas melíferas que manejamos actúan como reservorios de enfermedades. El Virus de las Alas Deformadas (DWV) y la Nosema ceranae se extienden, saltando a las poblaciones de abejorros silvestres. Y no solo eso, los ácaros Varroa destructor son como pequeños transportistas, llevando más de 20 virus entre diferentes especies.
Cuando hay una coinfección con Varroa y DWV, ¡cuidado! La mortalidad se multiplica por 6. Puedes leer más sobre esto aquí: mortality. Piensa en esto: cuantas más colmenas de abejas melíferas concentramos en nuestras zonas agrícolas, mayor es la presión de enfermedades sobre nuestros polinizadores silvestres. Esto nos lleva a una paradoja que nos hace reflexionar: añadir más abejas melíferas para compensar la disminución de polinizadores silvestres puede, en realidad, acelerar esa misma disminución.
¿Qué une a nuestros polinizadores con cada sistema de la vida?
El 70%% de nuestras abejas nativas, ¿sabías?, anidan directamente en el suelo; su hogar es el microbioma de la tierra misma. Las señales aromáticas de las flores son compuestos orgánicos volátiles que viajan por el microbioma del aire y pueden ser degradados por la contaminación atmosférica. La comunicación de las plantas, querido lector, coevolucionó con los polinizadores durante más de 100 millones de años. Imagina: cada flor es un dispositivo de comunicación, una maravilla diseñada para un receptor insecto muy específico.
El valor anual de miles de millones de dólares que nos brindan los servicios de polinización, ¿te das cuenta?, depende de que todo el Círculo de la Vida funcione en armonía. Necesitamos suelos sanos para que aniden, aire puro para la transmisión de sus aromas, plantas diversas que les den alimento todo el año y, por supuesto, redes micorrícicas funcionales que sostengan esas flores silvestres que tanto alimentan a nuestras queridas abejas.
¿Qué acciones de conservación funcionan de verdad? ¡La ciencia nos lo cuenta!
¿Sabías que no necesitamos hacer cambios gigantescos para ver resultados enormes? Por ejemplo, con solo cubrir el 25% de la superficie de una granja con franjas de flores, ¡podemos restaurar por completo el servicio de polinización! Y eso no es todo: si reducimos la labranza, las poblaciones de abejas que anidan en el suelo pueden aumentar hasta un 40%. Piensa en el impacto. Además, los programas agroambientales no solo ayudan al planeta, sino que también son una inversión inteligente: generan un retorno de 3 a 1, ¡e incluso hasta 11 a 1, cuando contamos los beneficios del servicio de polinización!
Y aquí viene una sorpresa que la ciencia nos revela: la acción más efectiva no es construir esos 'hoteles para abejas' que vemos por ahí. ¿Por qué? Porque el 70% de nuestras abejas nativas prefieren anidar directamente en el suelo desnudo. Así que, ¿qué podemos hacer? Sencillo: deja parches de tierra sin perturbar, acumula montones de madera muerta y permite que los tallos huecos permanezcan. Organizaciones como The Xerces Society nos ofrecen guías de siembra específicas para cada región, que se adaptan perfectamente a los síndromes de polinización locales. La verdad es que la intervención más económica y con mayor impacto es hacer menos, no más: deja de labrar, deja de fumigar y deja de cortar los márgenes de tu terreno. ¡Es así de simple y poderoso!
¿Sabías que a veces, más abejas melíferas pueden empeorar las cosas?
Las abejas melíferas que cuidamos, esas que vemos en las colmenas, son como viajeras todoterreno, ¿sabes? Son generalistas. Y a veces, compiten con nuestras abejas silvestres, las especialistas, por los mismos bocadillos florales que son limitados. Un estudio importantísimo de Garibaldi y su equipo (2013) en Science nos demostró algo clave: los polinizadores silvestres son los verdaderos héroes. Mejoran la fructificación de cada cultivo que estudiaron, ¡sin importar cuántas abejas melíferas hubiera! Ellas, nuestras abejas silvestres, son la base, el cimiento de todo. No son un extra, ¿me entiendes?
Ahora, imagina esto, querido lector: cuando se juntan 1.9 millones de colonias de abejas melíferas para la floración de los almendros en California, se crea una presión enorme de enfermedades. Es como un caldo de cultivo que afecta a todas las poblaciones de polinizadores silvestres que viven cerca. Furst y sus colegas (2014) en Nature nos revelaron que estas colonias de abejas melíferas pueden actuar como reservorios de enfermedades, guardando y esparciendo patógenos. Y aquí viene la paradoja que nos rompe el corazón: si intentamos meter más abejas melíferas para compensar la disminución de nuestras abejas silvestres, en realidad podemos acelerar su declive. ¿Por qué? Por la competencia por comida y por la propagación de enfermedades. Es un círculo vicioso que debemos entender juntos.
El umbral de conectividad del paisaje: ¿Qué significa para nuestros pequeños héroes?
Querido lector, ¿alguna vez te has preguntado qué tan lejos viajan nuestras abejas para encontrar su alimento? Un estudio revelador de Greenleaf et al. (2007) nos mostró que el rango de forrajeo de las abejas silvestres está íntimamente ligado a su tamaño corporal. Las pequeñas abejas de la sudoración, por ejemplo, apenas si pueden recorrer entre 100 y 300 metros. Pero los grandes y robustos abejorros, ¡ellos son los verdaderos exploradores! Pueden volar de 2 a 5 kilómetros.
Y aquí viene un dato que nos hace reflexionar: si una abeja se encuentra a más de 1 kilómetro de distancia de su hábitat, la polinización puede disminuir en un 50% o incluso más. No es una relación gradual, sino que tiene un efecto de umbral muy pronunciado. Es como si, de repente, al cruzar esa distancia crítica, la vida se volviera mucho más difícil para ellas.
Pero no todo son desafíos, querido lector. ¡Hay soluciones que podemos construir juntos! Un estudio esperanzador de Ricketts et al. (2008) nos mostró cómo los setos, esas cercas vivas que a veces pasamos por alto, pueden aumentar la densidad de polinizadores entre 2 y 4 veces en los campos cercanos. ¡Imagina el impacto! Para que estos "caminos verdes" sean realmente efectivos, necesitan tener un ancho mínimo de 50 metros. Y aquí un detalle importante: las interrupciones o brechas en estos corredores no deberían exceder los 250 metros. Es como construir puentes para que nuestros pequeños amigos puedan viajar seguros.
Y la magia no termina ahí. Estas franjas de tierra sin perturbar no solo benefician a las abejas que anidan en el suelo, sino que también son un hogar vital para el microbioma del suelo, esas comunidades microbianas que son el corazón de la tierra. Es un ecosistema completo que se fortalece, y todo gracias a un poco de planificación y respeto por la naturaleza.
Cómo tus abejas sienten los campos eléctricos de las flores: ¡una conexión invisible!
Un equipo de científicos, liderado por Clarke et al. (2013) en la revista Science, nos reveló un secreto fascinante: los abejorros son capaces de sentir los campos eléctricos de las flores, ¡incluso a 30 voltios por metro! Imagínate esto: las flores tienen una ligera carga negativa. Mientras tanto, nuestras abejas, al volar, van acumulando una carga positiva. Cuando una abeja aterriza en una flor, ¡zas!, la carga eléctrica cambia. Esto deja una especie de "huella eléctrica" que dura varios minutos, y que las abejas que llegan después pueden detectar y, si la flor ya fue visitada, ¡deciden evitarla! Es una conversación silenciosa, una transferencia de información increíble entre polinizadores, todo gracias a los campos eléctricos que las plantas les ofrecen.
Ahora, la gran pregunta que nos inquieta: ¿estarán los pesticidas o la contaminación electromagnética interfiriendo con este sentido tan vital? Aún no lo sabemos con certeza, pero la duda está ahí. Sabemos que los neonicotinoides, por ejemplo, afectan la capacidad de aprendizaje y la memoria de nuestras abejas. Podrían, entonces, estar alterando la forma en que asocian y entienden estos campos eléctricos, rompiendo esa conexión invisible que tanto valoran.
¿Por qué a veces, al añadir más abejas melíferas, la situación empeora?
Un estudio de Garibaldi et al. (2013) en Science nos mostró algo importante: las abejas melíferas manejadas compiten con nuestros polinizadores silvestres por los recursos de las flores. Imagina esto: una sola colmena puede hacer millones de visitas a las flores de tu comunidad cada día, agotando el néctar y el polen. Nuestras abejas silvestres, que tienen un rango de vuelo más pequeño, simplemente no pueden moverse tan lejos para encontrar comida. Así, cuando hay demasiadas abejas melíferas, terminan desplazando a las especies silvestres que tanto necesitamos.
Pero la historia no termina ahí, querido lector. Las abejas manejadas también pueden transmitir enfermedades. El temido Virus de las alas deformes se propaga fácilmente desde los apiarios a nuestras queridas poblaciones de abejorros silvestres. Aquí viene la paradoja, y es algo que nos duele pensar: al añadir más abejas manejadas para intentar compensar la disminución de polinizadores silvestres, ¡podemos acelerar ese mismo declive! Esto sucede por la competencia y por esa propagación de enfermedades que te mencionaba. Es crucial entender esto: las abejas melíferas son, en esencia, ganado. Nuestras abejas silvestres, en cambio, son fauna silvestre. Necesitan estrategias de conservación muy diferentes, porque su mundo y sus necesidades son distintos.
Videos de Apoyo
Ciencia Revisada por Pares
VerificadoJeff Ollerton
University of Northampton
Northampton NN2 6JD, United Kingdom;
Pollinator Diversity: Distribution, Ecological Function, and Conservation — Annual Review of Ecology Evolution and Systematics
Reed M. Johnson
University of Nebraska–Lincoln
USA
Pesticides and honey bee toxicity – USA — Apidologie
Cédric Alaux
AgroParisTech
84914 Avignon, France
Interactions between <i>Nosema</i> microspores and a neonicotinoid weaken honeybees ( <i>Apis mellifera</i> ) — Environmental Microbiology
David L. Wagner
Øystein H. Opedal
Caspar A. Hallmann
Markus K. Brunnermeier
Marcus Morgan


